Un día más en el hospital, enfermeras que van y vienen realizando su labor, médicos que pasan visita de pacientes cama por cama, carritos en los que se entregan las charolas con el desayuno, las mamás pendientes y activas al pie de la cama, y lo más importante, los pequeños que van despertando poco a poco para enfrentarse con valentía al nuevo día, sin perder la esperanza de que sea un paso más hacia el regreso a casa que para ellos significa el bienestar que da la familia y la salud.
Pero justo ese día, se rompe la monotonía y un poco el aburrimiento, la noticia de que ¡hoy nos visita un cuenta cuentos! o "despierten chicos, ¿quieren trabajar con la tallerista? o puede ser "¿quién quiere ver un espectáculo de títeres?" por supuesto, son las actividades que llegan a los niños de hospitalización y de quimioterapia ambulatoria del Instituto, gracias al Programa Alas y Raíces a los Niños del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA).
El objetivo principal de este programa es que los niños se acerquen al arte en sus diferentes manifestaciones y disciplinas, que vean la cultura como un aspecto creativo, y no sólo como entretenimiento. Lo anterior, en el caso del INP, se adapta a las limitaciones que implica interactuar con niños, quienes por su padecimiento, requieren un trato y un tacto especial. Esta labor se vuelve aún más valiosa por ser además un remedio natural que no utiliza pastillas, medicamentos o dolorosas inyecciones contra el dolor, la falta de ánimo, la tristeza, el desaliento, en una palabra, el sufrimiento que les provoca la enfermedad y su hospitalización.
Así, como cada semana, la actividad que toca ese día, ya sea cuenta cuentos, maestras de artes plásticas y artistas con espectáculos musicales o con títeres, todos ellos motivan a despertar, a levantarse de la cama y participar.
Parece mágico, pero es perceptible el cambio que van experimentando los pequeños pacientes a lo largo de la narración. Dejan volar su imaginación y pasan del llanto a la risa, cambian de expresión al aportar ideas, sonríen de vez en cuando y su atención se centra en el desenlace de la historia. Pasa algo similar cuando pintan o cuando recortan y pegan, aunque muchas veces con la dificultad de tener una mano inmóvil por el suero, lo que no les impide llevar a cabo su obra con la idea clara de lo que están creando con ayuda de la maestra. La emoción de ver materiales sueltos y dispersos, pero que al unirlos van tomando forma y color, les permite olvidar su malestar y con gran orgullo muestran lo que surgió con su esfuerzo y talento. Los espectáculos también tienen su magia, ya que crean un ambiente especial con la escenografía del teatrino, sus títeres, o la música que acompaña a los artistas en su actuación, logrando introducir a los niños en su arte, siempre con caras de asombro y alegría, además de tenues, pero sinceros aplausos.
Con estas actividades no sólo se obtienen momentos de esparcimiento, sino que se fortalece el desarrollo integral del niño a pesar de estar en un hospital, se estimula se creatividad y su pensamiento crítico, las posibilidades son muchas, las que su imaginación les permita.
Seguramente estos constituyen momentos de aprendizaje que transforman su realidad en el momento, pero que perdurarán más allá de su paso por el Instituto, abriendo para ellos nuevas posibilidades de crecimiento interior, de percepción cultural y de desarrollo humanístico.
Lo valioso de este programa, aunado a otras actividades educativas propias del INP, se reflejarán de diferente forma en cada niño, pero sin lugar a dudas, dejarán huella en su memoria... habría que preguntarle a ellos, a nuestros pacientes, cómo influyeron en su vida después de pasados los años, cómo lo vivieron en su momento y cómo lo tienen registrado en su memoria. habría que preguntarles.
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